16 mayo 2010



Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida.
Es recobrar la llave oculta que abre la cárcel en que el alma está cautiva.

Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz profundamente repetida.
Es sorprender en unas manos ese calor de la perfecta compañía.
Es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra sombra está vencida.

Estar enamorado, amigos, es descubrir dónde se juntan cuerpo y alma.
Es percibir en el desierto la cristalina voz del río que nos llama.
Es ver el mar desde la torre donde ha quedado prisionera nuestra infancia.

Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigüeñas y campanas.
Es ocupar un territorio donde conviven los perfumes y las armas.

Es entender la pensativa conversación del corazón y la distancia.

Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches y de los días.
Es olvidar entre los dedos emocionados la cabeza distraída.

Es comprender perfectamente que no hay fronteras entre el sueño y la vigilia.
Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña lucecita.

Estar enamorado, amigos, es no saber si son ajenas o si son propias las lejanas amarguras.
Es asombrarse y alegrarse de que la luna todavía sea luna.

Es empezar a decir siempre y en adelante no volver a decir nunca.
Y es además, amigos míos, estar seguro de tener las manos puras.

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